Orígenes del descubrimiento

Palos de la Frontera, al abrazo de la gesta descubridora

 

Llegamos a Palos de la Frontera desde la vecina Moguer, cuna del nobel de literatura Juan Ramón Jiménez. Nos recibe un abrazo de historia, de historia del Descubrimiento de América. Estas calles las recorrieron Cristóbal Colón, los hermanos Pinzón y un buen número de los navegantes que se subieron a dos carabelas y una nao rumbo a lo desconocido.

Prueba de ello, es el monumento a los Hermanos Pinzón, que se sitúa junto a La Fontanilla. Protegida por un templete mudéjar del siglo XIII, se trata de un antiguo pozo del que, se dice, los marineros que acompañaron a Colón se abastecieron de agua para el viaje que les llevó a descubrir América.

Coronando esta construcción, sobre el cabezo homónimo, se encuentra la iglesia de San Jorge mártir, patrón de Palos de la Frontera. Declarado Monumento Nacional, es un templo que data de mitad del siglo XV. De estilo gótico múdejar, la torre y la cúpula se vieron muy afectadas por el terremoto de Lisboa de 1755 y debieron ser reconstruidas. La historia colombina recoge que, por la conocida como Puerta de los Novios, de arco ojival y estilo mudéjar, salieron los marineros pensando que pondrían rumbo a las Indias, aquel 3 de agosto de 1492.

Iniciamos el paseo hacia el centro del pueblo. El aire americanista se respira en cada esquina y en el nombre de las calles de la localidad. Es el caso de la calle Cristóbal Colón, por la que, a pocos metros, se encuentra otro de los numerosos retazos de la historia colombina que evoca cada vía de Palos. El Museo Naval se halla en un histórico caserón de los siglos XV y XVI que albergaba el antiguo Hospital de la Sangre o la Misericordia, donde se atendía a los marineros. Aquí se puede contemplar una amplia colección de barcos, cedida por la Fundación Macías-Monasterio, junto a los grafitos de los principales buques escuela del mundo. Una visita que merece la pena realizar.

Desde aquí, continuamos la ruta hasta encontrarnos con la casa Martín Alonso Pinzón, en la que vivió el navegante junto a Vicente Yáñez Pinzón y Francisco Martín, experimentados marineros cuyos conocimientos sobre las rutas fueron imprescindibles para la llegada al Nuevo Mundo. De estilo renacentista, conserva, 500 años después, parte del suelo original, protegido por una resistente vidriera. También se puede visitar el patio y la bodega y los documentos originales de la familia Pinzón junto con evidencias de la implicación de Palos de la Frontera en el Descubrimiento. A escasos metros, por la calle Rábida, nos recibe la bella plaza del Comandante Ramón Franco, miembro del primer vuelo entre España y América, en el hidroavión Plus Ultra. En este enclave se sitúa la escultura de Martín Alonso Pinzón que capitaneaba la carabela Pinta y fue el encargado de recopilar a la mayoría de tripulantes que se enrolaron en las naves colombinas.

Remodelada en 2017, con motivo del 525 aniversario del Descubrimiento, en la esplendorosa plaza de España se sitúa el Ayuntamiento de Palos de la Frontera. Decorado con cerámica policromada, refleja el vínculo de este pueblo con la gesta colombina, así como la tradición marinera y agrícola de la localidad, que aún hoy se mantiene. En el centro de la plaza, saludan los rostros de Vicente Yáñez Pinzón, Francisco Martín Pinzón, Pero Vázquez de la Frontera y Antón de Alaminos, todos ellos palermos y miembros  de los viajes del navegante genovés. Fue Pero Vázquez quien, gracias a su experiencia marinera junto a la armada portuguesa, incitó a Colón a llevar a cabo su viaje. Por su parte, a Antón de Alaminos se le considera el descubridor de la corriente del Golfo, ruta natural para el trayecto desde América hacia Europa.

Antes de poner rumbo al paraje de La Rábida dejamos atrás la plaza de Pilar Pulgar, espacio que rinde honores a la que fuera la primera alcaldesa de la democracia en España.

Donde todo empezó…

La historia de Palos de la Frontera tuvo su punto álgido con la partida de los navegantes hacia el Nuevo Mundo. A ello, contribuyó en gran parte su situación geográfica y su importante puerto, uno de los más destacados de Andalucía en el siglo XV, con rutas hacia los principales puertos de Europa y África. Con el Descubrimiento de América y el establecimiento de la Casa de Indias en Sevilla la actividad del puerto y de Palos cayeron notablemente.

Los restos del puerto se hallaron en 2014 a raíz de una investigación arqueológica que realizó la Universidad de Huelva y, desde entonces, el Ayuntamiento de Palos comenzó los trabajos para su recuperación como elemento de relevancia de los Lugares Colombinos.

Un castillo para defender el pasado

Antes de 1492, Palos de la Frontera estaba coronada por un castillo cuya construcción se inició, según los estudios, en el primer tercio del siglo XIV, situándose como uno de los Lugares Colombinos más destacados tras partida hacia el Nuevo Mundo. Muy afectado por el paso del tiempo, actualmente se encuentra en fase de estudio arqueológico y restauración, así como de consolidación de las laderas del cabezo de San Jorge, sobre el que se asienta.

Investigaciones realizadas constatan que su construcción pudo dividirse en varias fases. La primera de ellas, datada en el siglo XIII, en la que se alzó una de las torres y la muralla. Los muros, de unos 30 metros de ancho por 21 de largo aportaban robustez al edificio.  Ya con la fortaleza habitada se levantaron las demás torres y se le dio lustre, para, por último, pasar a un periodo de abandono ya entrado el siglo XVIII. De las torres, dos de ellas sí están documentadas, pero de las otras dos no se conserva ni siquiera la cimentación, aunque se estima que pudieran tener una fisonomía similar a la que presentaba la situada al noroeste: de planta poligonal con chaflán.

 La Rábida, tras los pasos de Colón

Cuando Cristóbal Colón buscaba financiación y apoyo para su viaje, llegó hasta el monasterio de Santa María de la Rábida. Aquí, las sabias voces de Fray Antonio de Marchena, el fraile astrónomo, y Fray Juan Pérez, el antiguo Contador Real de la Corte Castellana permitieron que el respaldo de los Reyes Católicos llevara a emprender el viaje al Nuevo Mundo. En este convento franciscano del siglo XV encontraron la paz que necesitaban los aventureros y, por ello, la noche antes de levar anclas, rumbo a las Indias, pasaron por aquí a rezar.

Un lugar que sigue manteniendo ese ambiente de paz, solemnidad y recogimiento desde hace más de  cinco siglos.

Su interior alberga el magnífico claustro de estilo mudéjar, así como las amplias dependencias decoradas con los espectaculares frescos obra del pintor Daniel Vázquez Díaz. Junto a ello, se encuentran la iglesia gótico mudéjar y las imágenes de Santa María de la Rábida y Nuestra Señora de Los Milagros, patrona de Palos de la Frontera.

El sabor de la tradición

Tras el paso por Palos, nos acercamos a Moguer para reponer fuerzas. Allí nos recibe el mesón El Lobito, un emblema de la gastronomía onubense. Con tres generaciones de experiencia, se ha mantenido fiel a la tradición ofreciendo el encanto del lugar de antaño. Inevitable no sucumbir a la parrilla para disfrutar las carnes a la brasa: el solomillo de cerdo, chuletillas de cordero, presa ibérica… y como base los panes tostados.

Todo ello, sin olvidar los guisos de cordero o ternera y el rabo de toro.

Muelle de las Carabelas, rumbo hacia Iberoamérica por mar …

En el mismo paraje de La Rábida, aún con el aroma solemne y recogido del monasterio franciscano, recorremos el Paseo de los Descubridores o Paseo de los Escudos que parte desde la columna que recuerda el IV Centenario del Descubrimiento, recientemente restaurada. Este paseo está decorado con escudos y medallones de los países iberoamericanos, así como un calendario azteca de cerámica.

A escasos metros, se encuentra uno de los enclaves más visitados de la provincia de Huelva: el Muelle de las Carabelas. En este precioso lugar se puede visitar la réplica exacta de las naves que llevaron a Colón y sus navegantes hasta América, conociendo de primera mano cómo vivían los marinos a bordo. La carabela Santa María, inicialmente llamada La Gallega, a la que el almirante le cambió el nombre; la Pinta, cuyo nombre original era la Rascón y la Niña, conocida así por ser propiedad de los hermanos Niño, de Moguer, aunque anteriormente se denominaba Santa Clara.

Es fácil recrear imágenes de navegación o imaginar el instante en que Rodrigo de Triana gritó “¡Tierra a la vista!”, convirtiendo a aquella tripulación en auténticos héroes.

Este espacio museístico se creó en 1992 con motivo del V Centenario del Descubrimiento de América. Alberga también un museo y la recreación de un barrio marinero del siglo XV, donde se realizan numerosas actividades lúdicas y culturales.

… y por aire

Junto al Muelle de las Carabelas, se encuentra el Muelle de la Reina que, si bien no está ligado al Descubrimiento de América, fue testigo de otra gran gesta relacionada con ambas orillas del Atlántico.

Un martes, 26 de enero de 1926, desde este muelle partía el hidroavión Plus Ultra, en el que viajaban el comandante Ramón Franco, el capitán Julio Ruiz de Alda, el teniente de navío Juan Manuel Durán y el mecánico Pablo Rada. Fue la primera travesía entre España y América sin escalas. En su recuerdo se levanta una escultura que recuerda esta hazaña que, como 434 años, también había partido desde Palos de la Frontera.

Parque Celestino Mutis, un rincón de la flora mundial

En el paraje de La Rábida hay hueco para recorrer la flora de los cinco continentes: el Parque Botánico José Celestino Mutis. Con un entorno recientemente reformado, recoge muestras de la flora de los cinco continentes, con especial hincapié en las especies de Iberoamérica. Un paseo por este espacio ofrece un mar de sensaciones y de colores, con el suave sonido de las numerosas corrientes de agua.

Por ello, este jardín se muestra como un lugar ideal para el descanso y la meditación, tanto acompañado como en solitario. Este recorrido se complementa con diversas zonas accesibles con espacios de descanso.

El parque debe su nombre al más célebre botánico español, José Celestino Mutis, organizador y director de la famosa expedición científica al Nuevo Reino de Granada, actualmente Colombia, que comenzó en 1783 y que duraría unos 33 años. En su recorrido destaca el enorme invernadero de plantas tropicales que evocará el paisaje de una selva amazónica. Además, dispone de un equipo de guías que ofrecen la oportunidad de dar un agradable paseo y acercar al visitante al mundo de las plantas, previa solicitud.